El tren que necesitamos. Francisco Sánchez (AFZ)

La apuesta ferroviaria desde 1985 (el nefasto año del cierre de líneas férreas en nuestro país, como nuestra Ruta de la Plata) y posterior relanzamiento de una única política ferroviaria basada en un modelo radial y exclusivamente de Alta Velocidad, defendida con uñas y dientes y escasos argumentos económicos y sociales, nos ha llevado años después a un aislamiento solo roto por la inauguración del nuevo tramo de Alta Velocidad. Políticos, prestigiosos periodistas de medios nacionales y muy pocos economistas analizan la llegada del Ave a Sanabria, concluyendo que si se contabilizan los habitantes de la comarca sanabresa, de Braganza y norte de Portugal, podrían llegar a 150.000 usuarios en total. Pues bien, siguiendo con esta máxima y hablando del auténtico ferrocarril, el que sirve para viajeros y mercancías, nos lleva a trasladarnos a Zamora con 66.000 posibles usuarios, Salamanca con 148.000, Benavente con 20.000, lo que hace un total de 234.000 usuarios más las aportaciones del mundo rural. Y eso sin contar con las lógicas aportaciones que tiene el auténtico ferrocarril que no tiene efecto “túnel” y el prioritario origen y destino Madrid; romper con la radialidad del modelo Ave debería ser prioritario, así como apostar por la transversalidad que tenía la “Ruta de la Plata”.

Todo ello haría que la unión del norte y sur peninsular diera a Zamora, Salamanca, Benavente, León? un auténtico dinamismo económico y social. La reapertura de este ferrocarril transversal tanto para mercancías como pasajeros aportaría a futuros proyectos, como el de la biorrefinería de Barcial del Barco, un auténtico empujón y un abaratamiento y competitividad a sus productos. Si consideramos un éxito esos 116.000 viajeros que este año han utilizado el “Alvia” preferentemente entre Zamora y Madrid, la movilidad solo entre Zamora-Salamanca con un ferrocarril moderno, rápido, sensato, separado de viejos romanticismo y totalmente competitivo dejaría el trayecto en menos de media hora, nadie dudaría que los superaría, pero con un matiz irrebatible, la reapertura de cada kilómetros de ferrocarril convencional sería siete veces más barata que lo gastado en la construcción del Olmedo-Zamora, que ha supuesto un desembolso de 750 millones de euros, y 35 millones más por la remodelación de la estación. Y aún sorprende más todavía el que con solo la mitad de esa cantidad sería suficiente para reabrir los 340 kilómetros cerrados en 1985 y mil veces prometida su reapertura. De este modo nos aportarían auténtica vertebración territorial, sinergias económicas reales, abaratamiento del transporte de mercancías y movilidad real entre iguales

De estas desigualdades que tan bien conocen Sanabria y Zamora es donde debemos hacer hincapié y defender el otro ferrocarril ese que se nos está escapando para probablemente no volver.

Por último comentar que si en España se está tratando como casi una cuestión de Estado el Corredor Mediterráneo, algo parecido deberíamos hacer nosotros con el Corredor del Atlántico del que nuevamente Zamora y provincia quedan excluidas. ¿Alguien se atreve a debatir este tema? ¿Alguien quiere debatir sobre la reapertura de la Ruta de la Plata. 

Ver Artículo completo en La Opinión de Zamora

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